Me llamo Pánfilo Castaldi y estoy aquí para follarte la mente bien duro. Soy escritor y voy así, un poco del rollo alternativo, tipo Ray Loriga 1 pero con mucho más flow – Ray, pringao2 – Si, ya sé que tener una web es demasiado mainstream, pero tú me dirás cómo me doy a conocer si andáis3 todos como zombis enganchados a la pantalla. Que parece que o4s falta una patatita pal kilo.

tengo fly,

tengo party,

tengo pura sabrosura

El Tigeraso
Notas
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4 /
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1. Es que de verdad que hay que ser un pringao como para dejar escapar a la Christina Rosenvinge que es (o era) un bombonazo aunque no sepa hacer la «o» con un canuto. Y no, no me estoy pasando. Decidme si no, ahora mismo, qué canción recordáis de Christina 2 que no sea la de «cuando crees que me ves, cruzo la pared… » Y lo peor de todo, es que la muy perra reniega de Álex de la Nuez cuando fue éste el que la catapultó al éxito (no hay que olvidar que Álex fue componente de los Zombies – con su temón Groelandia- y de Tequila entre otros). Total, que el loser de Ray, que iba de icono literario underground en los 90 con esa melenita y mogollón de tatus (cuando aún no estaban de moda), deja escapar a otra loser y, a partir de ese momento, solo escribe basura cuya ínfima calidad solo es comparable a la de su ex, que para más INRI se zumba a Nacho Vegas, otro puto pesado llorica. Solo se salva de este círculo de metalosers el bueno de Álex, que le hizo un hijo a Martina Klein y que, actualmente, se dedica a poner copas en Barna y a tirarse a cuantas grupies trasnochadas le reconocen. Conclusión: en la vida puedes elegir ser como Álex; Un tío discreto, consecuente y humilde; o Christina; una MILF sin talento que lucha contra los fantasmas de la decadencia. Lo que nunca elijas, pero nunca, es ser tan pringao como Loriga.

2. No podía menos que analizar esa costumbre tan overpromise de añadir o retirar una letra a un nombre propio para hacerlo menos anodino. Tía, asúmelo, te llamas Cristina, no Christina ni Kristina. Tampoco tu nombre es Raphael ni Rul ni Rebeka ni Fher. Si no estás contento con tu nombre cutre, utiliza un pseudónimo o un alter ego o algo, pero no pretendas sacar brillo de donde no lo hay. Cómprate una vida.

3. No podía menos que analizar esa costumbre tan overpromise de añadir o retirar una letra a un nombre propio para hacerlo menos anodino. Tía, asúmelo, te llamas Cristina, no Christina ni Kristina. Tampoco tu nombre es Raphael ni Rul ni Rebeka ni Fher. Si no estás contento con tu nombre cutre, utiliza un pseudónimo o un alter ego o algo, pero no pretendas sacar brillo de donde no lo hay. Cómprate una vida.

4. No podía menos que analizar esa costumbre tan overpromise de añadir o retirar una letra a un nombre propio para hacerlo menos anodino. Tía, asúmelo, te llamas Cristina, no Christina ni Kristina. Tampoco tu nombre es Raphael ni Rul ni Rebeka ni Fher. Si no estás contento con tu nombre cutre, utiliza un pseudónimo o un alter ego o algo, pero no pretendas sacar brillo de donde no lo hay. Cómprate una vida.