5. No podía menos que analizar esa costumbre tan overpromise de añadir o retirar una letra a un nombre propio para hacerlo menos anodino. Tía, asúmelo, te llamas Cristina, no Christina ni Kristina. Tampoco tu nombre es Raphael ni Rul ni Rebeka ni Fher. Si no estás contento con tu nombre cutre, utiliza un pseudónimo o un alter ego o algo, pero no pretendas sacar brillo de donde no lo hay. Cómprate una vida.